Creo que del cofre de los recuerdos traigo a la memoria de los compañeros la frase del General: Alzamos una bandera tan distante de uno como de los otros imperialismos en pugna…
La política de flujos hoy impera, mientras los Justicialistas están armando la organización de cabotaje de sus respectivas inteligencias para ganar alguna posición o retener la preexistente. Estos excesos de política local que desde hace años padecemos, no son más que el resultado de creer que somos el ombligo del mundo.
La realidad indica que ni siquiera somos un Nodo en el flujo de la Sociedad de la Información, tampoco aspiramos a serlo en el medio plazo, estamos demasiado atrás. Nuestras consignas doctrinarias no han cambiado desde entonces, sin embargo la actualización propuesta por Perón en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional sigue vigente, aunque perdida en algún cajón…
Perón proponía la creación de tecnología propia, pero a su vez que la única base tecnológica real, eran las personas. No existe magia ni revolución en los ordenadores, sino en las personas. Y no hay revolución sin flujos de valor agregado en sus Nodos.
Pues ni una cosa ni la otra compañeros. No tenemos ordenadores suficientes, y no tenemos tecnología de personas. La masificación es tal que cuesta la apertura mental de los compañeros para situarse en el frente internacional.
Ni Yankis ni Marxistas es una consigna que habla de la imposición ideológica. En términos digitales, la consigna sería ni “revolución por la cyber religión americana” ni “dospuntocerismo progresista que reproduce la vieja militancia en internet”, sino la generación de flujos peronistas con sentido glocal.
¿Significa ello descartar ambas visiones? Yo digo que no, digo que el equilibrio de “en su medida y armoniosamente” significa tomar partes positivas de ambas visiones. Nadie en su sano juicio diría que el Justicialismo inventó la “Justicia Social”, la inventaron otros y la tomamos como bandera, la pusimos en marcha y alcanzamos los mejores 10 años de historia argentina.
Tampoco inventamos los ordenadores, ni el motor, lo inventó el capitalismo desde sus ansias de dinero. Nuestra apertura (característica de Perón en el análisis) debe volver a reinar. No comencemos a descartar como veo está ocurriendo.
Seamos capaces de retomar la revolución indagando el sentido de la nueva Sociedad de la Información. Podemos hacerlo, debemos hacerlo. No para nosotros, hagámoslo para nuestros hijos, o se verán impregnados en la falsa dicotomía del doctrinario Capitalista y Marxista, sin una conducción clara que lleve a puerto el barco argentino.